viernes, 20 de mayo de 2016




Pero, sucede que ese camino en alianza y fidelidad no es para cuatro días, sino que contempla todo el recorrido de la vida, hasta que la muerte los separe. Y ese devenir acontecen muchas cosas. Unas, alegres y festivas; otras tristes y penosas. Y tanto unas como otras hay que tratar de superarlas sin romper esa unidad apoyada en el amor y el compromiso de la alianza.

El mundo se encargará de ponerlos a prueba y de tensar el compromiso de la alianza. Pasiones, apetitos, desilusiones, tentaciones, diferencias de criterios, de pensamientos, defectos, fracasos, errores…etc. son las pruebas de las que  nos habla Santiago: Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna (St 1, 2-4). 

No es que se quiera sufrir, sino que, por experiencia sabemos, que el sufrimiento llega, y si estamos preparados y pertrechados en el Espíritu Santo, la embestida, por dolorosa que sea, se puede encajar y superar. El amor cuando exige compromiso, fidelidad y perseverancia es carga que, soportada, da gozo y felicidad. Porque sólo con amor se es feliz.

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