sábado, 16 de diciembre de 2017

Pasamos el tiempo malgastándolo y desoyendo todo lo que no sea mis propias ideas, intereses y apetencias. No estamos atentos a nada que no sea nosotros mismos y no nos enteramos de nada. Han pasado los profetas y los hombres de Dios y los profetas y hombres del mundo no han hecho caso.

El hombre se erige como ser suficiente y dueño de su destino. Y no está dispuesto a entender nada de lo que no le interesa. Menos oír el Mensaje de salvación y más todavía vivirlo. Todos nuestros proyectos son opuestos a los proyectos de Dios. Vamos por otro camino.

Y en esa actitud se hace difícil encontrarnos con el Señor. Pasa la proclamación de Juan y también la presencia de Jesús entre nosotros. El hombre celebra otra navidad. Fiesta de turrones, de regalos, de música, canciones y comilonas. No se enteran que ha llegado la Buena Noticia de Salvación.

viernes, 15 de diciembre de 2017

En cualquier momento aparece el rebelde de turno. A veces, contrario a toda razón, nos oponemos al sentido común. Lo que nos apetece es protestar y marcar nuestro territorio. Aquí hacemos lo que nos da la gana y nos saltamos toda regla y todo lo que significa hacer el bien con respecto a los demás.

Ahora llegan las navidades, pero cada cual le da el sentido que quiere y la celebra como quiere. Eso sí, celebrarla la celebran todos, pero a su manera y según le parezca. Esta generación es una generación perversa con un corazón desagradecido y pervertido. Nada le parece bien.

Sin embargo, la sabiduría se acredita por sus obras. La verdad siempre se sostiene y triunfa. El hombre la tiene impresa en su corazón y, tarde o temprano, sale a relucir. Dios viene a nuestro encuentro y, por mucho que queramos eludirlo y despistarlo nos encontraremos con Él.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Hay muchas oportunidades en la vida que las dejamos pasar. Pensamos en mejorar y eso pasa por preocuparnos solamente de nuestros problemas. A la hora de pedir pensamos en nosotros y, si sobra algo, en los demás. Y tenemos un tesoro que quizás no vemos y lo desperdiciamos.

Las dificultades y enfermedades, que vienen solas directa o indirectamente se convierten en rechazos y protestas contra el Señor. Según nos vaya le aceptamos o le rechazamos. O, ni una cosa ni otra, sino simplemente nos alejamos. La cuestión es, ¿por qué no utilizamos esos acontecimientos de nuestra vida para santificarnos y purificarnos confiando en el Señor?

¿Acaso no nos acompaña? ¿Acaso se ha olvidado de nosotros? ¿Acaso no nos ofrece la salvación eterna? ¿Y no nos señala, a través de Juan el camino? ¿No nos ha dicho que Él es el Camino, la Verdad y la Vida? ¿No nos ha dado prueba de su verdadero amor? ¿No ha Resucitado y nos ha prometido que nosotros también lo haremos en Él? ¿No tiene Palabra de Vida Eterna?

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Cuando caminas tu ánimo está estable, se siente seguro y, por lo tanto, caminas concentrado y confiado si tus esperanzas están bien fundadas. De otra manera, todo se vuelve inestable, inseguro y los miedos te hacen perder la estabilidad y todo se vuelve peligro y amenaza.

El ser humano necesita seguridad y apoyo. Y se camina cuando experimentas que estás apoyado en alguien que te puede sacar del apuro o te puede dar descanso y apoyo. Sin esa referencia la vida se vuelve insegura, insípida y sin rumbo. De ahí la importancia de la familia, que protege y da seguridad.

Vivir sin esperanzas es una locura, y en un grado de alta posibilidad termina en depresión o disparate, que conduce a ubicarte en una vida desestructurada y desordenada. Eso trae malas consecuencias que terminan mal. Por eso, Jesús, conociendo como nos conoce, se ofrece hoy como apoyo y descanso para todos aquellos que están fatigados y sobrecargados.

martes, 12 de diciembre de 2017

Experimentar la presencia del Señor es experimentar la necesidad de ser salvado. Tendrás que imaginarte que estás solo delante del peligro y, tu salvación, depende del Señor. No es que haya otro u otros que te puedan salvar, sino que quien sólo lo puede hacer es el Señor.

Será un error, y eso nos pasa, que creemos en los amigos del mundo. Es posible que los haya, pero ninguno podría salvarte. A lo más pueden ser la oportunidad para que tú puedas salvarte dándote a ellos, por amor, pero siempre por la Gracia y la Misericordia de Dios.

Cuando llegas a tomar conciencia de que tu vida depende de Dios, y que Él la ha puesto en tus manos, entiendes que devolvérsela y ponerlas en sus Manos es tu mejor opción. Y eso lo haces tratando de parecerte a Él. Y el único camino es tratar, contando con su Gracia, amar como Él te ama.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Hay parálisis muy difícil de descubrir y de sentir. Parálisis que no te dejan ver el camino, y lo poco que llegas a ver se te presenta torcido, desigual y escabroso. Necesitas quitarte la venta de tus ojos y acercarte al Señor para que cure tus parálisis. Porque, igual no es una, sino varias.

Son momentos de allanar el camino y enderezar lo torcido; allanar lo elevado y emerger lo hundido. Se trata de igualar nuestra vida y ponerla en las coordenadas de la humildad, el dolor y arrepentimiento, reconociendo la Misericordia del Señor y la necesidad de recibir el perdón de nuestros pecados.

Y ese perdón misericordioso es lo verdaderamente importante, porque tus parálisis físicas siguen ahí. Y si se curan pueden volver. Nuestra naturaleza humana está sometida a las leyes humanas, y estas son limitadas, caducas y enfermas. Por lo tanto, conviene aliviarlas, pero lo que conviene, valga la redundancia, es salvar el alma para la vida eterna.

domingo, 10 de diciembre de 2017

La vida es un tiempo precioso, porque es el tiempo con el que cuentas para salvarte. Has llegado a ella contaminado por tu propia naturaleza humana, pero con la posibilidad de poder limpiarla. Y esa es la misión, la de purificarte, para limpio poder recuperar tu dignidad de hijo de Dios.

Hoy, Juan, conocido como el Bautista y Precursor, empieza su misión anunciadora. Proclama y grita en el desierto la llegada inminente del Reino de Dios. Invita a enderezar los caminos y al dolor y arrepentimiento de los pecados. Ello exige reconocerte pecador y reconocer que el que viene tiene poder para perdonar tus pecados.

Él se abaja y reconoce que no es el Mesías. Su misión es anunciar su llegada y preparar su camino. Y Proclama: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».