viernes, 28 de julio de 2017

No es cuestión de dudar sino de saber a dónde vas. Si entiendes que tu meta está allí y ese es tu destino, seguirás adelante a pesar de los obstáculos que encuentres. Saber claramente cuál es tu meta equivale a haber superado la dureza del camino y evitar que los pajarillos se coman tu semilla.

Saber cuál es tu meta, es superar la falta de profundidad y buscar esa tierra profunda donde echar tus raíces para que se agarren fuertemente hasta germinar y dar frutos, buenos frutos. Porque, sabiendo cuál es tu esperanza y tu vida, buscarás hasta encontrar.

Porque no estás solo, pues te acompaña el Espíritu Santo. El Paráclito que te conducirá por el único y verdadero camino que conduce a eso que tú buscas Y encontrarás esa meta, la tierra buena que da buenos frutos. Frutos de Vida Eterna, para la que has sido creado.


jueves, 27 de julio de 2017

Si te abandonas experimentas que volver a la actividad diaria te cuesta enorme esfuerzo. Experimentas que el ejercicio es necesario, pero también la penitencia. Necesitas esfuerzo para dominar tu voluntad y encauzarla en verdad y justicia. Y ello exige esfuerzo diario y continuado. Por eso, la oración es el ejercicio que te mantiene espiritualmente y te da equilibrio, tanto físico como espiritual.

Abandonado y alejado de la Palabra de Dios, te expone a quedarte en manos del Maligno. Tus oídos y tus ojos, aunque abiertos, ni oyen ni ven. Escuchan pero no oyen, y abren los ojos, pero no ven. Están anquilosados por las cosas del mundo y sometidos a sus placeres y vicios.

Por eso, damos gracias a Dios, porque, por la acción de su Espíritu, nos mantenemos perseverantes y a su lado, y con los oídos y ojos abiertos a la acción del Espíritu. Y en eso ponemos todo nuestro esfuerzo y colaboración por la libertad que se nos ha dado, abandonando a la Gracia de Dios para permanecer en su Palabra.

miércoles, 26 de julio de 2017

El hombre tiene un reto, y es que tendrá que responder por sí sólo. Puedes ser ayudado, pero, al final, serás tú quien tenga que responder por ti mismo. Y no hay escapatoria. Y sabes que tu respuesta debe ser buena, y que tu responsabilidad es hacer las cosas bien. Porque el hombre siente y experimenta que está puesto para hacer las cosas en la verdad y la justicia.

Nadie quiere hacer las cosas mal, y si tiene mala intención, se esconde y trata de aparentar y engañar. Porque sabe que hacer las cosas bien es lo correcto y de sentido común. Llega un momento en que te sientes responsable y quieres ganarte tu pan con el sudor de tu frente. Luego, descubres que tienes que producir y dar frutos.

Y son esos frutos los que te darán la vida. No sólo la vida terrenal, sino la única y verdadera Vida, la  Eterna. Esa Vida de la que te habla el Evangelio de hoy. Por eso, tu tierra, que es tu vida. y en la que Dios ha sembrado su Palabra, debe producir esos frutos que Dios espera de ti. Y, de no hacerlo, sólo tú serás el responsable.

martes, 25 de julio de 2017

Es normal y de sentido común que el hombre trate de trepar y de estar entre los mejores. Y si puede, claro, ser el primero. Se experimenta esa ambición, constitutiva de la esencia del hombre, en sus movimientos y actitudes. Todos queremos más, dice la popular canción. Y es lógico que así sea, pues nuestra naturaleza es humana y propuesta a todas esas tentaciones.

Por eso, no debe de extrañarnos que la madre de Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, pidiese para ellos
Los primeros puestos. Estar a la derecha e izquierda de Jesús. Sin embargo, Jesús les apremia a cambiar esa dirección natural de nuestra propia naturaleza, valga la redundancia. Pone como el poder más fuerte, el servicio. Y para alcanzar los primeros puestos hay que ser el último. Es decir, servir.

Y eso experimentamos en nuestra propia vida. No pasamos a la historia por el poder que hayamos tenido, ni tampoco por la riqueza. La huella que queda es la del amor. Un amor que renuncia a sí mismo para servir. Es la característica que Jesús proclamó con su Vida y su Palabra. El servicio por Amor. Y nos mandó hacer a nosotros lo mismo.v>

lunes, 24 de julio de 2017

Cuando aceptamos algo que nos proclaman, estamos diciendo que estamos de acuerdo y que, por lo tanto, no tendría sentido no sólo admitirlo sino tratar de vivirlo. Decir sí significa seguir y seguir implica llevar a tu vida aquello que te proclama el que sigues. Así de lógico y de sentido común.

Decir que sí y luego hacer lo contrario o lo que tú interpretas que debes hacer, dice poco en tu favor y te deja como una veleta al viento. Dices sí y haces no. Das la imagen de ir por donde te sopla y lleva el viento. Por eso, muchos escribas y fariseos, queriendo justificarse y dar razones a su tozudez, piden a Jesús que les dé un signo o prueba que les satisfaga.

Quieren ponerle en evidencia. O lo hace, y aceptarán su Mensaje, o se quedaría en ridículo. Es algo así como si nosotros exigiéramos al Señor que nos revelará que Él es el Hijo de Dios y nos diera una prueba contundente. ¿Acaso nos creemos con ese derecho? ¿Acaso pensamos que podemos y tenemos derecho de exigir al Señor? ¿Creemos que podemos ponerle condiciones a Dios?

domingo, 23 de julio de 2017

Siempre hay esperanza de que el bien, verdad y belleza, se imponga al mal, mentira y feo. Porque eso es lo que quiere todo hombre que se precie de ser hombre. Nadie quiere mentir, y menos luchar y matar. Pero, las malas hierbas tientan y despiertan la envidia, la vanidad, la soberbia y amenazan destruir la buena semilla.

Y no hay solución. Se ha de vivir con esa amenaza y peligro. Junto a la buena semilla plantada, crece la mala hierba, que, sin darnos cuenta, quizás cuando dormíamos, el Maligno plantó. Por eso no estamos solos. El Espíritu Santo nos acompaña y nos defiende y asiste para ayudarnos a defendernos y a evitar que la mala hierba nos destruya.

No perdamos la fe. La palabra acogida en nuestro corazón crecerá y se extenderá, iluminando la verdad con justicia y belleza. Y los hombres se cobijaran en ella, porque el final traerá a los segadores, ángeles del Señor, para emprender la siega. Y aquellos que no sean trigo bueno serán atados en gavillas para arrojarlos y quemarlos al fuego.


sábado, 22 de julio de 2017

Observamos que en el mundo libre y salvaje animal se vive en permanente peligro. Pero, un peligro por subsistir. Se mata para comer, y no hay otra ley que la del más fuerte. Sin embargo, en nuestro mundo, aparentemente respetado y con derechos humanos, se mata por envidia, por ambición, por vanidad, egoísmo, poder, riqueza…etc.

No hay mucha diferencia con ese mundo salvaje de los animales. Cada día muere mucha gente, y no sólo por descuidos o accidentes, sino por negligencia, por guerras, abortos, robos, terrorismo…etc. Es un mundo lleno de hierbas malas que amenazan a las buenas semillas con destruirlas.

La cizaña, plantada por el Maligno, cohabita con la buena semilla. Crece junta a ella y sus intenciones no son otras que las de ahogarlas y destruirlas. Necesitamos perseverar y sostenernos en la Palabra, los Sacramentos e injertados en el Espíritu Santo mantenernos firmes hasta la hora de la siega.