miércoles, 22 de noviembre de 2017

El evangelio de hoy –Lc 19, 11-28- habla sobre las cualidades. Nos muestra el encargo de un noble que viaja a un país lejano con la intención de recibir la investidura real y regresar. Antes de marchar reparte diez minas entre diez siervos suyos y les encarga que negocien hasta su vuelta. Y sabemos lo que ocurrió.

Lo importante es que descubramos que también nosotros hemos recibido unos talentos para negociar nuestra vida. Y, descubiertos, preguntarnos si realmente lo estamos negociando. O simplemente estamos viviendo de las rentas y mal gastando el tiempo y los talentos recibidos.

Y, quizás el matiz más importante es descubrir de qué forma los negociamos. Porque, nuestra vocación es comunitaria. Somos seres en relación, es decir, creados para relacionarnos en el amor. Un amor que nos ayuda a crecer como personas y a buscar el bien de los otros. Tú felicidad y la mía pasa porque los otros también sean felices.

martes, 21 de noviembre de 2017

Ante las dificultades que la vida les plantea a los hombres que buscan aparentar, pero vivir según sus proyectos e intereses, muchos se esconden en la apariencia y tratan de decir una cosa y hacer otra. Por eso, cumplir la ley no siempre dice la verdad, porque en ella se esconde también la mentira.

Ante todos estos problemas y apariencias, Jesús, al ser advertido de la presencia de su Madre y hermanos dejó muy claro que quienes pretenden ser sus discípulos, madre y hermanos tendrán que cumplir con la Voluntad de su Padre. Esos, los que lo hacen, serán su madre, sus hermanos y amigos.

Sabía lo que decía, pues su Madre fue la primera criatura que, obedeciendo la Voluntad de Dios, se sometió a su Voluntad. Ella fue la humilde de Nazaret, elegida para ser la Madre del Verbo encarnado, que, humillada ante el Señor puso humildemente su vida en sus Manos.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Uno de los frutos del Espíritu Santo es el don del temor a Dios. Un temor basado en la fe de que Dios lo puede todo y que podemos fallarle y quedarnos sin luz en nuestra lámpara. Será bueno estar vigilante y ser prudente, aunque sea por temor. En ese sentido el temor será bueno y hasta necesario.

Pero, nunca tener miedo, porque el miedo nos paraliza y nos deja inmóvil. Hay que tener fe y la fe siempre implica y exige riesgos. Así procedió Bartimeo el ciego. Oyó que pasaba Jesús y gritó por su compasión. Y no tuvo reparo ni miedo, a pesar de que lo mandaban a callar.

También nosotros experimentamos que Jesús pasa, y debemos proceder como Bartimeo. Aprovechar su paso y gritarle que queremos seguirle y que ilumine nuestra vida. Que nos llene de luz y fortaleza para dar ese salto que nos lleve a Él para que abra nuestros ojos y podamos seguirle con firmeza y fortaleza.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Las familias se unen y se sirven unas de otras. Esto da lugar al nacimiento de los pueblos. Sin embargo, el egoísmo, la envidia y la ambición los ha también enfrentados. Reconocer que todo lo que tenemos lo hemos recibido, puede ayudarnos a que la convivencia sea más justa y en paz.

Por todo ello, es bueno reflexionar y descubrir que los talentos son necesarios compartirlos, porque eso hace que la vida sea mejor y que todos sean más felices. Nuestra felicidad pasa también porque los demás sean también felices.

La razón del amor nace de la necesidad de descubrir que todo lo que hemos recibido está en función de poder compartirlo fraternalmente, pues lo hemos recibido de un mismo Padre que quiere el bien para todos sus hijos y ha repartidos dones y talentos entre ellos para que los pongan mutuamente al servicio los unos de los otros.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Hay un gran problema en nuestra vida, y es que no sabemos discernir lo que es verdaderamente importante de lo que no lo es. Si esto es así, sucede que gastamos nuestro tiempo en conseguir cosas que no son importantes ni significan nada para nuestros más profundos deseos. Así, tomamos lo superfluo y dejamos lo verdaderamente importante.

Y, de esta forma, pasamos nuestro tiempo en el esfuerzo de atesorar cosas en este mundo, tales como bienes, obras de artes, riquezas…etc., que luego se quedan aquí y no son eternas, y dejamos de lado aquello que realmente nos da la vida eterna. Es decir, insistimos en lo caduco y desistimos de lo eterno.

Con este panorama, deducimos que mal gastamos nuestro tiempo y esfuerzo en cosas caducas, y no lo empleamos para insistir en pedir lo que verdaderamente nos interesa y a quién nos interesa. Es el caso que nos plantea el Evangelio de hoy sábado –Lc 18, 1-8- donde se nos anima a insistir y no desfallecer.

viernes, 17 de noviembre de 2017

La vida se pasa rápido y, en el mejor de los casos son pocos los días que puedes decir que eres feliz, porque en estas cosas del mundo no se encuentra la plena felicidad. Ni siquiera en este mundo. Todo es una antesala para llegar a la plenitud, que sólo está y se encuentra en el Señor.

Al final, descubriremos que cambiamos oro por basura, pues todo lo de aquí abajo es caduco. Sólo perdura y vale el amor. El amor vivido como referencia de servicio proyectado en los demás. De modo que quien pierda su vida, la gana. Y quien, aparentemente, la gana aquí abajo, descubrirá que la pierde.

Conviene abrir los ojos y escrutar dentro de nuestro corazón, pues en él está impresa la huella de Dios. Ese Dios que nos busca y nos advierte que sólo en Él está esa vida gozosa y plena de felicidad que todos buscamos, y que, quizás dormidos por el tintineo del mundo equivocamos el camino.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Y de igual forma, Jesús no vendrá con estruendo ni con ruidos que llamen la atención, porque Jesús no busca destacar ni sorprender. Jesús busca salvarnos y nos avisa con humildad y con su presencia en nuestro corazón. Se ha quedado dentro de nosotros y nos llama a vivir en el amor.

No pretendamos correr detrás de Él, porque cuando llegue el momento se dejará ver como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del Cielo. Ese es el Señor que vendrá a cumplir su Palabra y su Promesa. Pero, primero, padeció mucho y fue rechazado por esta generación.

No sabemos el día ni la hora. Nos lo ha repetido varias veces, y su venida será repentina, sin avisar, como rayo fulgurante, nos dice el Evangelio. Una venida llena de luz y de gloria, pues será para llevarnos con Él a la Vida Eterna. Esperanza que nos mantiene expectante y vigilantes. Vigilantes desde nuestro corazón, donde le encontramos y donde ya gozamos de su presencia.